Hábitos

Los mejores hábitos para la vida

Psicología, Reflexiones

Utiliza palabras, no gritos, pues es la lluvia la que hace crecer las flores, no la tormenta

Con los niños es fácil perder la paciencia y alzar el tono de voz, pero si realmente quieres dejar una enseñanza en ellos, utiliza palabras no gritos.

Nadie aprende a través del maltrato

Los niños necesitan palabras certeras y determinantes, los gritos y las malas palabras solo les causarán heridas en el alma. Muchos padres alzan la voz de inmediato cuando sus hijos tienen un mal comportamiento. Sin embargo, con gritos los niños se vuelven más desobedientes y tarde o temprano imitarán esta conducta y les encontrarás respondiéndote, gritándote y hablándote con insolencia.

Los niños son un espejo de la conducta de sus padres. Si pierdes el control sobre tus emociones, no les pidas que se calmen cuando hagan un berrinche. Si eres iracundo, no les pidas que dejen de hacer rabietas. Los niños irán domando su temperamento contigo como su principal ejemplo, si te escuchan gritar por todo, ese es el modelo que van a seguir, porque ellos aprenden de tu ejemplo no de tus palabras.

Corrige a tu hijo, pero no lo maltrates. La corrección a buen tiempo hace mucho, ayuda a convertir a los niños en personas de bien. Pero tal vez sin saberlo estás replicando la paternidad de tus padres y gritas como ellos te gritaban a ti pensando que de esa manera conseguirás corregir la mala conducta de tu hijo. Pero el maltrato y la educación no se corresponden entre sí. Puedes ser determinante, imponer castigos y dar lecciones, pero no debes gritar ni usar palabras hirientes con tu hijo.

Educar es un proceso que requiere mucha paciencia

Para corregir hay que tener dominio propio. Tu hijo te puede sacar de tus casillas en un minuto pero debes moderar tu lenguaje, tu tono de voz y tu comportamiento. Sé como la lluvia, no como la tormenta. No descargues toda la potencia de tu ira sobre un pequeño que ante ti se encuentra indefenso, ni siquiera tiene argumentos para defenderse.

La paciencia es una de las virtudes más importantes que deben tener los padres. Sin paciencia es imposible educar, porque los niños se van a equivocar, explorarán conductas que no son apropiadas y pondrán a prueba sus límites contigo. Cuando eso pase, tu madurez será puesta a prueba y si te sales de tus cabales y comienzas a gritar, le estarás dando el peor ejemplo de vida a tu hijo.

Domínate y aprende a hablar antes que gritar. Por amor a tu hijo, elimina las malas palabras de tu lenguaje porque es seguro que si te llenas de enojo las usarás contra él y le causarás mucho daño.

Muchos crecimos con el trauma de escuchar decir a nuestros padres cosas como “no sirves para nada”, “eres una ‘porquería’” y cualquier palabrota que existiera en nuestro dialecto. Nuestros padres no querían ser malos con nosotros, solo se sentían frustrados con nuestro comportamiento y no sabían cómo reaccionar; terminaban alzando la voz y diciendo estas barbaridades de las que al día de hoy ni se acuerdan, pero son palabras tan dolorosas que quedaron tatuadas en nuestros corazones. Reflexiona en esto y sé mejor con tu hijo, procura no decir palabras cuando estés enojado que le marcarán negativamente toda su vida.

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