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Reflexiones

Trata a los demás como te gustaría que te trataran

En todas las épocas y en la mayoría de los lugares, la humanidad ha respetado y reverenciado ciertos valores llamados virtudes. Se han atribuido a los sabios, a los hombres que viven con pureza y bondad, a los santos y a los dioses. Han marcado la diferencia entre una persona bárbara y una culta; han marcado la diferencia entre el caos y una sociedad decente.

No se necesita en absoluto un mandato del cielo ni la búsqueda tediosa en los gruesos tomos de los filósofos para descubrir lo que es “bueno”, porque eso es una revelación que viene de tu interior. Cualquier persona encuentra la respuesta si mira dentro de sí mismo, solo hay que pensar en la manera en que te gustaría que otros te trataran.

Es posible que, ante todo, quieres que te traten con justicia: no te gustaría que los demás mientan sobre ti ni que te condenaran con falsedad o dureza. ¿De acuerdo?

Querrías que tus amigos y compañeros fueran leales: no te gustaría que te traicionaran.

Querrías que te trataran a la manera de un buen deportista, que no te embaucaran ni te hicieran trampa.

Querrías que las personas fueran justas al tratar contigo. Querrías que fueran honestas contigo y que no te engañaran ¿Correcto?

Tal vez quieras que las personas tomen en consideración tus derechos y sentimientos.

Cuando te sintieras deprimido, tal vez te gustaría que otros te compadecieran.

Tal vez desearías que otros mostraran el control se sí mismos en lugar de atacarte. ¿Cierto?

Si tuvieras algún defecto o cometes un error, es probable que quisieras que los demás fueran tolerantes, no críticos.

Tal vez prefieras que las personas sean capaces de perdonar, en lugar de concentrarse en la censura y el castigo. ¿Correcto?   

Tal vez querrías que las personas fueran benévolas contigo, no malas ni mezquinas.

Es posible que desees que otros crean en ti, que no duden de ti siempre.

Y, sobre todo, no querrías que estas personas solo aparentaran el amor, querrías que sus actitudes fueran completamente reales y actuaran con integridad.

No se requiere de gran imaginación para reconocer que, si los demás nos trataran de ese modo regularmente, nuestra vida estaría en un nivel placentero. Ahora bien, hay un fenómeno interesante en las relaciones humanas. Cuando una persona le grita a otra, esta siente el impulso de responder gritando. Casi siempre se nos trata de manera muy parecida a como tratamos a los demás.     

Los que tenemos la suerte de conocer y hablar con personas que se reconocen como seres benevolentes, nos impresionamos de su gentileza y amabilidad. Con su buena vibra contagia su entorno y reciben el trato que se merecen. Esto demuestra que podemos influir en la conducta de quienes nos rodean; al relacionarnos con respeto, amor y consideración recibiremos lo mismo, es casi una fórmula automática.

Revisa tu interior y pregúntate ¿cómo te gustaría que te trataran? La respuesta vendrá de tu corazón y te permitirá poner en práctica tus virtudes.

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