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Reflexiones

“Siempre eres responsable de cómo actúas, sin importar cómo te sientas. Recuerda eso”

Sin importar cómo te sientes o cuál sea tu perspectiva de un problema, siempre eres el único responsable de cómo actúas. Cuidado si te has encontrado a ti mismo excusando tu comportamiento en las acciones de otras personas, pues el auto engaño es un signo de inmadurez.

Mis acciones, mi responsabilidad

Aunque puedes reaccionar ante la acción de otra persona, tus emociones y tu conducta son tu completa responsabilidad, no hay terceros en eso. Jesús dijo a sus discípulos:

“El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca”. – Lucas 6:45.

El corazón, alegóricamente, es el centro donde convergen las emociones y combaten las decisiones. Las demás personas pueden hacerte o decirte tanto como quieran, pero tu respuesta dependerá de lo que se oculta en tu corazón. Así pues, si en tu corazón hay paciencia, responderás con paciencia ante una ofensa. Pero si en tu corazón hay odio, perversión y sentimientos de venganza, responderás a la ofensa impulsado por esas emociones.

Hay personas que se sienten especialmente orgullosas luego de haber actuado impulsados por la ira o la venganza. Sin embargo, tales acciones nunca traen buenas consecuencias, y cuando llega la hora de rendir cuentas, estas mismas personas prefieren excusarse en el comportamiento de otros. “No lo habría hecho de no ser por…”, es meramente una excusa, pues nadie más que nosotros mismos somos responsables de lo bueno y lo malo que hacemos.

Por eso, para una persona que verdaderamente quiere ser feliz y desea estar rodeado de relaciones saludables, nada como el dominio propio.

Piensa antes de hablar, reflexiona antes de actuar

El peor defecto de muchas personas es la impulsividad. Si eres de los que ceden todo el tiempo a los impulsos de sus emociones y no refrena su lengua, seguramente vives en problemas con los que te rodean y no eres una persona muy deseada. Porque nada hace más querido a un amigo que su prudencia, su palabra sazonada y sus acciones bien medidas que procuran siempre el bien propio y el de los suyos.

Practica el dominio propio o el autocontrol. El dominio propio es la capacidad que nos permite ejercer control sobre nuestras emociones, en lugar de que estas nos controlen a nosotros. El dominio propio, nos da la capacidad de elegir cómo sentirnos en determinadas circunstancias y cómo actuar en consecuencia.

No importa cómo te sientas ni cuán frustrante sea la situación, solo recuerda que eres el completo responsable de tus acciones. También piensa en qué tipo de persona quieres ser, el iracundo o el sabio, el molesto o el paciente ¿cómo quieres ser percibido?

El respeto no se gana con gritos ni con un temperamento fogoso, se gana con madurez, paciencia y calidez.

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