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¡Paciencia ente todo! Crecimiento sin violencia

Durante la infancia, los pequeños suelen aceptar tolo lo que le manifiestan sus padres y reconocen su autoridad, pero en la adolescencia surge su actitud crítica y rebelde. Llega para sus mayores, el momento de marcarles el límite hasta dónde pueden llegar.

Y también llega para los padres la tentación de darles una bofetada a sus hijos cuando no consiguen marcarles los límites que les quieren inculcar y se sienten incapaces de controlarlos. Pero, el castigo físico no parece ser la mejor solución.

La bofetada no tiene ningún valor educativo, y en lugar de ayudar a resolver los conflictos, solo sirve para que el adulto se desahogue y esto puede minar la relación entre padres e hijos.

Presta atención

La pubertad, esa temida etapa en que se produce el paso de la infancia a la adolescencia en los hijos, suele encontrar a los padres desprevenidos y los hace sentir descolocados. Las soluciones que eran eficaces para resolver los conflictos con un niño de repente se muestran inútiles para lidiar con un joven.

Pero, a menudo la adolescencia está excesivamente mitificada por muchos padres, que creen que es mucho más difícil de lo que en realidad es. Olvidan que puede ser una etapa enriquecedora para ellos mismos, porque está repleta no solo de conflictos, como temen, sino de retos personales y descubrimientos a veces divertidos.

Si se toma como un proceso creativo, en el que el aprendizaje de amabas generaciones es recíproco, la pubertad puede ser una gran escuela para todos.

Mantén tu posición

Según los expertos en pedagogía, hay algo que todos los padres deberían tener claro: la diferencia generacional debe existir. Es muy positivo educar con empatía y conocer los gustos y tendencias de los jóvenes, pero los roles han de mantenerse claramente separados.

¿Cómo deben los padres tratar un hijo que parece totalmente fuera de control? Pareciera que darles un cachetazo es la única solución. Sin embargo, no lograrán nada.

No sirve de nada enredarse en una discusión cuando el adolescente está fuera de sí, cualquier respuesta que le des la utilizará para reforzar su argumento, ya que está convencido que tiene la razón. Además, mientras más dure la discusión, el joven tendrá esperanzas de salirse con la suya y por lo tanto continuará presionando.

Hay que pasar al diálogo en el momento preciso y después de la rabieta es la hora de hablar con tu hijo o hija sobre el asunto o problema. Te sorprenderá su respuesta si lo haces mientras escucha música o realiza cualquier actividad de ocio.

Los límites

Si tu hijo o hija adolescente es responsable y muestra criterio para manejarse, seguramente no necesitarás mucho más que algunas pautas firmes y claras. Pero, si no es así tendrás que recrear todo un sistema de reglas y valores que, además, sean supervisadas de forma mucho más severa.

Lo ideal sería que fijes reglas preventivas muy clara respecto a con “quien” le está permitido juntarse, “cuáles cosas puede hacer”, “dónde” se le deja ir, “cuándo” puede ir y a qué hora debe volver.

En lugar de insistir en lo que tienen prohibido, es mejor recordarles lo que se les está permitiendo y la responsabilidad que deben asumir con respecto a ellos mismos y hacia los adultos. También es preferible incentivar al adolescente en vez de reñirle: “Si no esta estudiando el día antes de un examen, se le puede preguntar ¿Te falta mucho?, o recordarle los beneficios de sacar una buena nota, por ejemplo, que dispondrá de más tiempo libre.

Esperamos que estos consejos sean de ayuda, comparte este artículo con tus amigos y déjanos un comentario en la sección inferior.

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