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Psicología, Reflexiones

¡No hagas a los hijos de otros lo que no quieres que les hagan a los tuyos!

No debemos tratar mal a los hijos de los demás, porque cada una de nuestras actitudes hacia estos niños sirve de parámetro para el trato que ofrecerán a nuestros pequeños.

Seamos realistas: no es fácil tratar con los hijos de otras personas, a menudo reciben una educación muy diferente a la que recibimos y transmitimos a la nuestra, y algunos rasgos de su comportamiento pueden sacarnos de nuestro centro y provocar un comportamiento irreflexivo.

A menudo, nos encontramos con personas que no tienen paciencia o tolerancia con los hijos de los demás, a menudo nosotros mismos somos esas personas.

Podemos pensar que cada uno tiene que cuidar de sus propios hijos y no tenemos ninguna obligación con los demás niños, aunque sean parte de nuestra familia y, siempre que tengan que estar bajo nuestra supervisión, actuamos con frialdad o sin educación con ellos.

 En ese sentido, una cosa que debemos tener en cuenta cada vez que interactuamos de niños es la forma en que queremos que las personas traten a nuestros hijos.

No debemos tratar mal a los hijos de los demás, porque cada una de nuestras actitudes hacia estos niños sirve de parámetro para el trato que ofrecerán a nuestros pequeños.

Debemos pensar que cada niño, no importa cuán desordenado o travieso, es parte de una familia y refleja solo lo que aprende en casa. Es necesario respetarlos, porque son personas como nosotros, solo que con menos experiencia.

¡Todos merecen respeto!

Exponer a los niños a situaciones de riesgo, abuso emocional o incluso riesgo físico es completamente inhumano y malicioso. Todavía están en desarrollo y todo lo que les hagamos ayudará a moldear su personalidad y la forma en que se relacionan con el mundo.

Empatía, ponte en la piel de los más pequeños, trátalos siempre como te gustaría que la gente tratara a tus hijos.

Los adultos somos el ejemplo que seguirán los niños, y aunque no seamos sus padres, podemos influir positivamente en ellos, si sabemos tratarlos de la forma correcta. En este sentido, siempre debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para dar un buen ejemplo en su vida.

Conviértete en el adulto que enseña, que tiene paciencia y se identifica con los niños. Piensa en la experiencia que te gustaría que tus hijos tuvieran con otras personas e incorpore cada comportamiento en su relación con los niños que le rodean.

 Esto sin duda te ayudará a influir positivamente en los pequeños que te rodean y, en consecuencia, crear una mejor infancia para tus hijos.

Los niños necesitan responsabilidad emocional de todos los que los rodean. Haz tu mejor esfuerzo para hacer esto y ten en cuenta esa enseñanza: ¡no hagas con los hijos de otras personas lo que no quieres que les hagan a los tuyos!

Deja que la educación y el respeto sean tus guías y nunca te confundirás acerca de cómo tratar a alguien.

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