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Más que chatear… “Sexting” entre adolescentes

Los menores que envían fotografías y videos por los diferentes dispositivos móviles para intercambiar imágenes propias de tipo sexual, corren un grave riesgo. Aquí te decimos cómo evitarlo.

Carla le gustaría coquetear con algunos chicos de su instituto, pero no se atreve a hacerlo “cara a cara”. Jesús busca una forma divertida para agregar un poco de sal y pimienta a las relaciones amorosas con su joven pareja. Por su parte, Alicia quiere se más aceptada y popular entre su grupo de amigos y conocidos, tanto en la zona donde vive como en su centro de estudios.

Para cumplir sus objetivos, estos tres adolescentes al igual que muchos otros jóvenes de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años, recurren a las nuevas tecnologías para expresar su interés hacia otra persona de la misma edad de una manera sensual y original, y muchas veces atrevida.

¿De qué se trata?

Carla, Jesús y Alicia son “sexters”, es decir adolescentes y jóvenes que practican el “sexting”, un neologismo que todavía carece de una traducción definitiva, pero que en general se entiende como el intercambio por diversos medios electrónicos de imágenes o textos propios, con contenido sexual o erótico, más o menos explícito.

El “sexting” consiste en el envío y recepción, sobre todo de fotografías y videos, en una postura sexy, aunque no necesariamente desnudos o eróticos, así como mensajes electrónicos, con diversos grados de insinuación sensual, producidos generalmente por el propio remitente.

Habitualmente estos contenidos los crean los adolescentes para enviarlos a su pareja o como un recurso de flirteo. Así son responsables de la primera difusión de una foto o vídeo, que puede entrar en una cadena de reenvíos que hacen que puedan ser conocidos de forma masiva en la red. Los modelos sociales actuales distan del recato, y por eso muchos jóvenes desconocen los riesgos que pueden llegar a tener que una imagen sexual sea de domino público

Riesgos para el adolescente

Amenazas a la privacidad del menor:

 El primer riesgo al que se enfrenta quien envíaimágenes o vídeos con contenido personal es la pérdida de privacidad. Los contenidos enviados podrían acabar en manos de otras personas desde el momento en que salen de manos de su autor. Cuando envías una información pierdes el control sobre su destino.En este punto hay que destacar especialmente el riesgo de que estas fotografías ovídeos puedan entrar en el circuito de la pornografía infantil

Riesgos psicológicos:

Aquí se incluyen los riesgos que se derivan de la exposición de la intimidad del menor ante otras personas. Ya se trate de amigos, compañeros de clases, o desconocidos, lo cierto es que el adolescente que ve su imagen de tono sexual, está sometido a un ensañamiento o humillación pública que puede afectarlo psicológicamente.

Ciberbullying:

El ciberbullying o ciberacoso entre iguales supone el hostigamiento de un menor hacia otro menor, en forma de insultos, vejaciones, amenazas, chantaje, etc., utilizando para ello un canal tecnológico.

Sextorsión:

Las fotografías o vídeos de contenido sexual, en manos de la persona inadecuada, pueden constituir un elemento para extorsionar o chantajear al autor de las imágenes. Se llama sextorsión al chantaje en el que alguien (menor o mayor de edad) utiliza estos contenidos para obtener algo de la víctima, amenazando con su publicación. Se trata de una situación delicada y difícil de abordar por un menor de edad, pues el adolescente, temeroso ante la posibilidad de que su sextorsionador pueda dar difusión a imágenes sensibles que le comprometerían públicamente, puede tomar la decisión de acceder a su chantaje, que normalmente consiste en seguir enviándole fotografías o vídeos de carácter sexual, y, en casos extremos, realizar concesiones de tipo sexual con contacto físico.

Grooming

El grooming se entiende como el conjunto de estrategias que una persona adulta desarrolla para ganarse la confianza del menor a través de Internet, su finalidad es obtener concesiones de índole sexual.

Riesgos físicos y geolocalización:

Los riesgos más graves son los riesgos físicos, y se materializan sobre todo en la exposición a pederastas. Las imágenes o vídeos pueden contener ciertos elementos que ayuden a identificar a quienes aparecen en ellos o que faciliten su localización.

¿Qué hacer?

La medida esencial al respecto es hablar con ellos de forma razonada sobre estos temas, explicándoles con detalle los riesgos posibles y los casos de actualidad. De esta formar se genera un ambiente de confianza donde se facilita que el menor exponga sus ideas y problemas y así reflexione sobre las posibles consecuencias.

Es importante que los padres, madres, representantes y educadores tengan la capacidad de ofrecer a menores la confianza suficiente como para que, ante una incidencia en internet, recurran a la opinión experta de un adulto.

Existen en Internet numerosos recursos que pueden ser consultados conjuntamente por padres e hijos y que pueden fomentar este clima de confianza.

El hecho de que los padres asuman directamente el pago de la factura de teléfono móvil del menor puede ayudar a prevenir el sexting. Recientes estudios firman que el porcentaje de menores que practican sexting se quintuplica entre los que pagan totalmente sus propias facturas de teléfono frente a los que no lo hacen.

Se sugiere ubicar los equipos de tecnología en un lugar común de la casa también para constituir una pauta de comportamiento a seguir para evitar situaciones de sexting. Si los equipos se encuentran en la habitación del menor, será más fácil encontrar momentos de intimidad para realizar contenidos sexuales, mientras que, si está en una zona común a la vista del resto de miembros de la familia, el riesgo se reduce. También, existen sistemas de control parental que pueden limitar e informar sobre el uso que el menor hace del dispositivo tecnológico.

Deja un comentario y comparte esta importante información en tus redes sociales. Prevenir es trabajo de todos.

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