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Las mujeres y hombres que aman cocinar para sus seres queridos tienen el corazón más puro

Tal vez no lo habías notado, pero cocinar es una forma de amar. Cocinar tiene que ver con servicio y humildad, quien cocina no está esperando ser servido, sino que muestra el afecto a través de un acto tan bonito como alimentar a otro.

La comida es una necesidad fundamental para los seres humanos, es por eso que cocinarle a alguien es la forma más primitiva de demostrarle que tiene un lugar especial en nuestros corazones. No hablamos de aquellas personas que cocinan por obligación, compromiso o esperando recibir algo a cambio. Hablamos de esos cocineros que se toman el tiempo para prepararle algo rico a sus amigos y familiares sin que se lo pidan y sin más interés que el de dar afecto.

Las personas que cocinan a sus seres amados tienen el corazón llenito de amor y comparten esa sensación a través de lo que preparan con sus manos.

Si conoces a una persona especial que siempre quiere cocinarles a los demás, seguramente confirmarás que tiene un gran corazón. Y es que no solo le llenan el estómago a las personas que consienten, sino también el alma. Su corazón es tan cálido como el plato de sopa que te sirven.

Tener un amigo que le encanta la cocina es una bendición, porque estas personas son generosas y muy cariñosas por naturaleza. Así que cuando te ganas a un amigo así, tienes el paquete completo. Son los mejores compañeros porque trabajan muy bien en equipo, saben consolarte y confortarte cuando te sientes mal y siempre están buscando reunirse contigo.

Por otro lado, están las personas que no les gusta cocinar, sin embargo, primitivamente sabemos que cocinar es una forma de amar. Si una persona que no le gusta la cocina se toma el tiempo de prepararte algo (aunque sea sencillo) ¡valóralo mucho! Porque esta es una muestra de afecto incondicional. Hay un mensaje contundente en su plato de comida y es que esta persona te aprecia más allá de lo que le incomoda o le disgusta; está dispuesta a incomodarse por ti y eso es algo que no hace cualquiera.

Finalmente, las personas que te cocinan no solo lo hacen para que no tengas más hambre, significa que disfrutan de tu compañía. Porque la comida es un acto social, ya sea el almuerzo, la merienda o la cena, sentarse a comer con un amigo es hablar de todo un poco, compartir historias y reír o llorar, según vaya la conversación.

Por eso, valora a ese amigo o familiar que se toma el tiempo para prepararte algo seguidamente o eventualmente. Porque aunque no lo diga con palabras, te está amando de una forma muy especial. Y si cocina muy rico, ten en cuenta que ese buen sabor también tiene que ver con la buena sazón del afecto ¡ni el mejor chef puede replicar aquello que se preparar con auténtico amor!

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