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La sal: No abuses de ella y disfruta de sus beneficios

El poder sazonador de la sal es una característica de peso a la hora de cocinar y muchos no están dispuestos a renunciar a su extraordinario sabor. Sin embargo, su uso excesivo puede generar enfermedades serias como la hipertensión, osteoporosis y trastornos renales.

Lo cierto es que, nos guste o no, el organismo requiere de este componente y las necesidades van a depender de distintos factores como el clima o el trabajo donde nos desenvolvamos. Por ejemplo, cuando hay calor es aconsejable ingerir más sal que cuando hay clima frio; esta recomendación también es válida cuando una persona se dedica a actividades que requieren mayor esfuerzo y producen abundante sudoración. El consumo de líquidos enriquecidos con sodio resulta muy conveniente si la persona toma diuréticos, visita regularmente el sauna, o tiene diarreas o vómitos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el consumo diario se sitúe entre los 500 y 2000 miligramos, como mínimo y máximo. Se debe prestar, mucha atención a los alimentos ricos en sal para evitar comer más de lo que el cuerpo necesita.

La sal se encuentra en todos los alimentos como un ingrediente natural, o como un añadido durante la elaboración de las comidas y de los productos procesados como queso, pan, cereales, carnes, pescados ahumados, curados o en salmuera. Debido a que normalmente comemos sodio en exceso, encontrar alimentos que contengan menos cantidad resulta un problema. En general, las frutas y verduras contienen poco sodio y más cantidad de potasio el cual reduce el excedente de sal en el organismo.

Lo bueno

Entre las bondades que ofrece la sal podemos comentarte, en primer lugar, que es un importante regulador de líquidos (es vital que exista un balance entre la sal que se pierde al orinar o sudar, y la que se ingiere en las comidas). También actúa en el interior de las células y participa en la transmisión de impulsos nerviosos a los músculos. Regula el ritmo del músculo cardíaco, extrae el exceso de acidez de las células, especialmente las del cerebro, previene la aparición de calambres musculares, permite la absorción de los nutrientes en el intestino, regula el sueño, mantiene la libido, evita el exceso de salivación y conserva el equilibrio del azúcar.

Lo malo

El consumo excesivo de la sal genera hipertensión, lo cual podría causar afecciones coronarias o infartos cardíacos, irritabilidad, retención de líquidos y sobrecarga de trabajo para los riñones. Esta situación se agrava porque nuestro consumo de potasio es muy inferior con respecto al de sodio.

Para reducir y/o evitar estos problemas se puede reemplazar la sal de mesa por una mezcla de sal de sodio y de potasio, usar sal marina sin refinar, o condimentar los alimentos con hierbas aromáticas y especias. Pero, lo ideal sería reducir directamente el consumo de sodio.

En el mar la vida es más sabrosa

Al referirnos a las bondades que ofrece la sal debemos incluir los que van más allá de su consumo. Cuando vamos a la playa y respiramos aire cargado de sal obtenemos beneficios para la salud.

La atmósfera salina acelera el metabolismo, mejora la circulación sanguínea y del sistema linfático. La excelente composición del aire hace que las vías respiratorias y la piel se purifiquen, se refuerce el sistema inmunológico y se obtenga una absoluta sensación de relax.

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