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Amor

La pareja perfecta

Había una vez una pareja en la que no existían los celos, la competencia, el chantaje emocional, la nostalgia fuera de lugar y esas cosas que afectan a las parejas imperfectas. Eran la pareja perfecta. Juntos, eran uno.

¿Puedes creerlo? Estamos seguros que en un momento en algún lugar de este mundo, hubo una pareja perfecta. Pero, no sabemos si esa fue la única. Él que era ella, ella que era él, y viceversa. Eran así, formaron la unión definitiva e irrevocable. Un amor verdadero, infinito y ejemplar.

Nos imaginamos que hubo momentos en que vivieron juntos, pegados, arriba y abajo. Asimismo, hubo otras fases en las que se dejaron llevar sin dolor, sin pena. Cada uno en su propio rincón y el amor allí intacto, entre ellos, ajeno a la distancia y sin dejar de crecer .

Cuando estaban juntos, caminaban en círculos por las plazas con césped esmeralda, rodeados de bancos de piedra, lo hacían desde la tarde hasta la noche, con puro y absoluto encanto. Unidos como gemelos condenados a la compañía eterna. Lo hicieron todo a la par. Dormían, se despertaban, ganaban y perdían juntos. Siempre juntos.

En tiempos de separación, seguían con sus vidas sin el más mínimo problema. Se amaban tanto que incluso se permitieron un poco de espacio. Luego regresaban, de repente y sin previo aviso, continuaban juntos su andar, tomando el cielo azul como destino.

Conectados entre sí por una suerte infalible, nunca se cansaron de ser así. Tenían la impecable sincronía de dos pájaros volando. Estaban seguros como dos trapecistas saltando a la muerte sin la red allí abajo, seguros de la mano fuerte siempre esperando. Vivían así, derrochando su insospechado y firme amor, con el talento de dos patinadores de hielo, hermosos, flexibles, articulados.

En sus vidas diarias, uno apoyaba los sueños del otro sin nunca, nunca renunciar a sus propios planes. ¿Había respeto? Ah, el respeto ganó un mayor significado entre ellos. Se respetaron mutuamente de manera total. En sus conversaciones con los amigos, incluso sus desacuerdos estaban de acuerdo. Sus puntos de vista divergentes se completaron hasta que denunciaron una flagrante admiración por su compañero.

Ellos también lucharon, por supuesto. Pero eran luchas para tener las manos bien puestas, para conseguir los vislumbres de aquellos que realmente se preocupan, nunca hasta el punto de tratar de cambiar su esencia, pero para impedirles en sus fracasos de Dios y de todos los demás. Sus luchas eran inevitables agujeros en el camino del entendimiento. Eran un alma, una cabeza. Una persona.

Este raro caso ya no se ve, el cambio social ha llevado a las parejas a vivir de forma diferente, a cambiar el significado de la palabra pareja y fracasar en el intento de respetarse mutuamente. Es momento de retomar todo lo que alguna vez fue.

Lee detenidamente los párrafos anteriores, observa todas las cualidades de la pareja perfecta y pregúntate si está preparado para vivir el amor de esa manera. Ese es un ejemplo de cualquier pareja del pasado y el compromiso presente debe comenzar desde allí.

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