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La ira es un ácido que hace más daño al recipiente que la almacena que a cualquier otra cosa en la que se vierte

Entre todas las emociones que podemos sentir como seres humanos, la más desagradable sin duda es la ira. La ira es el resultado de un sufrimiento intenso que nos lleva a odiar y desearle lo peor a otra persona. Sin embargo, va un poco más allá, pues la persona que siente ira tiende a ser quien le genera el daño a la otra persona sin el menor remordimiento, pues su intención siempre será la de devolver diez o cien veces más el daño que ha recibido y pasando por encima de quien sea. La ira sin duda es un ácido que nos puede carcomer el alma.

La ira carcome el alma y todo nuestro ser

Cuando sientes ira, sientes furia y deseas generar violencia a todo aquel que te haya agredido u ofendido. Se trata de un conjunto de sentimientos negativos que se concentran hasta hacerte estallar en una indignación y enojo tan estrepitoso que de tratarse de un aparato explosivo acabaría con todo a su paso. Y básicamente sin necesidad de ser una bomba, la ira puede hacernos acabar con todo a nuestro paso.

Si no tenemos cuidado, la ira puede ir envenenándonos poco a poco hasta que ya no haya forma de escapar. Y es que dado que la ira es una emoción que aparece luego de otras tantas emociones, se podría decir entonces que se trata de una consecuencia. Por tanto, es importante evitar estas emociones previas para evitar llegar a la ira.

Pero ¿Cuáles podrían ser estas emociones previas? Pues bien, ante una mala situación lo primero que sentimos es enojo o indignación, también pudieras más tarde sentir decepción. Y si las cosas se están poniendo muy extremas puedes llegar al odio, lo que vendría siendo el tercer nivel, y en el último se encuentra la ira. Entonces, ¿Qué debemos evitar primero?

Sin duda, es importante comenzar con evitar los enojos, las rabias y las indignaciones. Para esto solo necesitamos ver a las personas tal y como son sin estar venerándolas o haciéndolas parecer superiores a nosotros. No importa cuánto las quieras o cuanto las ames, tu trabajo es verlas como personas que pueden cometer errores.

Los seres humanos no somos tan buenos como creemos. Debes recordar que en nuestros corazones existe la malicia, la mentira, la envidia, el engaño, el egoísmo y otros tantos rasgos negativos que lastiman a los demás. Si entiendes esto y no esperas mucho de las personas entonces no te decepcionarán. Y si no hay decepción no habrá odio y sin odio la ira no tendrá lugar.

Ahora bien, podrías ser tú o un ser amado, víctima de una gran injusticia. De ser así es difícil no saltarse los primeros pasos y pasar al odio y a la ira en segundos. Sin embargo, siempre respira. Recuerda que Dios tiene un plan para todos nosotros, y debes primero que nada meditar y ver que no hayas sido tú mismo quien provocó la situación por la que pasas. De no ser así, intenta alimentar tu corazón y tu mente con pensamientos más neutrales.

Lo importante es que no permitas que tu corazón se llene de ira, pues esta no solo daña a otras personas sino que te daña enormemente a ti, y ese es un precio que no te debes permitir pagar.

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