Hábitos

Los mejores hábitos para la vida

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La gente realmente buena nunca deja de hacer el bien

Las personas verdaderamente buenas tienen un corazón de oro y, incluso en los momentos más difíciles, cuando tienen todas las de perder, no se aprovechan de los demás. Por tanto, no creas cuando una persona se dice buena pero le ves sacando provecho de las necesidades de los demás.

Las  personas realmente buenas son de apoyo para los demás, no actúan para recibir beneficios. Tampoco obran con el afán de tener más reconocimiento, estas personas más bien se centran en tener el reconocimiento propio.

A lo largo de la vida he conocido a muchas personas que se dicen ser “buenas” pero el título les queda grande y solo lo usan porque se oye bonito. Todos tenemos que aceptar que algunas veces actuamos con malicia y que lamentablemente muchos incurrimos en actuar con egoísmo aun cuando lo justificamos.

Es por eso que las personas de buen corazón son cada vez más escasas, y uno no puede llamarse bueno a uno mismo. Hay que dejar que sean los demás los que digan lo maravillosas personas que somos, obrar sin esperar nada a cambio.

Conocer a alguien con un corazón genuino es una bendición, porque nos estas personas nos llenan de luz en aquellas partes donde hay oscuridad, son ejemplares y nos enseñan cómo ser buenos cuando todos deciden ser malos. Las personas buenas nos enseñan que hay que perseverar en hacer el bien y no pagar mal por mal.

El mal abunda en nuestras sociedades, pero es la bondad lo que las transforma. Por eso es tan maravilloso dejar entrar a personas buenas a nuestros corazones, pues ellas vienen acompañadas de mucha sabiduría y mucha luz. Tienen una fuerza que nos transforma y nos hala hacia el bien.

Así son las personas buenas, y no las que se dicen ser buenas y no lo son. Quienes fingen, quieren demostrar su personalidad a través de las palabras, pero lo que realmente nos hace conocer a alguien es la forma en que actúan, y las buenas personas generalmente no les cuentan a los demás todo lo que hacen, permanecen en el anonimato, porque sus acciones hablan por sí solas.

Las personas realmente buenas están comprometidas con hacer el bien. Por eso sus actitudes y acciones tienen coherencia con la bondad. No dicen “yo soy una buena persona” y por otro lado andan involucrándose en chismes. Son coherentes con lo que dicen y lo hacen, aunque no les verás alardeando acerca de sus virtudes.

Abraza la bondad y la justicia, si sientes que en ti hay mucha malicia, seguramente Dios ha puesto a tu alrededor a una persona muy llena de luz y bondad. Tómale como ejemplo a seguir y respétale. Muchas veces, nos burlamos de las personas buenas llamándolas ingenuas o diciendo que les falta malicia. Pero todo lo contrario, a nosotros nos hace falta purgarnos de tanta oscuridad y amargura.

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