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Los mejores hábitos para la vida

Psicología, Reflexiones, Salud Mental

La gente está más cómoda siendo víctima, que defendiéndose por sí misma

Hacerse la víctima es una de las actitudes más cómodas y más recurrentes hoy día. De esa manera, las personas eluden sus responsabilidades y evitan afrontar sus problemas, esperando ser rescatadas o defendidas por otros. En pocas palabras, es así como se evitan el trabajo difícil.

Sin embargo, hacerse la víctima todo el tiempo puede ser completamente contraproducente porque no hay crecimiento personal y la persona mientras tanto se somete a un ciclo de sufrimiento, quejas y lamentos de las que nunca logra evolucionar. Pues debes saber que la mayoría de veces, la persona que se hace víctima realmente cree que lo es y termina sufriendo más de la cuenta.

Es completamente normal sentir pena por ti de vez en cuando, cuando sientes que las circunstancias te superan. Pero si tienes una mentalidad de víctima verás la mayoría de las cosas en la vida como negativas y siempre querrás recibir simpatía por experimentar situaciones de la vida, porque crees que mereces que las cosas sean mejor para ti. Pero ¿de dónde viene esta tendencia a querer ser víctimas? ¿Por qué caemos en esta manía que parece ser una adicción?

¿Por qué eliges ser siempre la víctima?

Actuar como víctima puede tener muchas ventajas, por ejemplo:

  • No tienes que hacerte responsable de las cosas.
  • Tienes el ‘derecho’ de quejarte y recibir toda la atención.
  • Otros sienten pena por ti y te prestan atención.
  • Las personas tienen menos probabilidades de criticarte o molestarte.
  • Otros se sienten obligados a ayudarte y hacer lo que pides. En pocas palabras tienes carta libre para manipular.
  • Puedes contar historias sobre las cosas que te sucedieron y la victimización las hace lucir más interesantes.
  • No hay tiempo para aburrirse porque hay mucho drama en tu vida.
  • Puedes evitar sentir enojo ya que estás demasiado ocupado estando triste y frustrado.

En conclusión, las razones por las cuales las personas desarrollan esta tendencia son: atención, sentirse valorados y poder. Así como lo lees, victimizarse, convencerse uno mismo de que no tiene ningún poder, nos da poder. Una persona que se victimiza, a menudo sin darse cuenta, termina manipulando a quienes le rodean y obteniendo lo que quiere.

¿Qué te hace más propenso a ser víctima?

Como la mayoría de los patrones de comportamiento, una mentalidad de víctima es un comportamiento aprendido que se remonta a la infancia. Podrías haberlo aprendido al observar a un adulto durante la niñez. Asimismo, es posible que hayas tenido una relación codependiente con alguno de tus padres, es decir, te habrías sentido responsable de su bienestar y salud, y lo que interpretaste de eso es que si estás mal o enfermo, otros son los responsables de cuidarte.

Por otro lado, puede que hayas aprendido a ser una víctima en tu infancia porque era la única forma de sobrevivir. Quizas en tu familia era la única forma de recibir atención cuando eras pequeño. Finalmente, muchas personas que interpretan el papel de víctima fueron víctimas de abuso sexual en la infancia y eso ha afectado tu autoestima y seguridad.

Si reconoces que has asumido esa conducta de victimización, el proceso llevará bastante tiempo, pero necesitas aprender a enfrentar tus problemas. Eso significa hacerle frente a la ira, la vergüenza, la frustración y al miedo; tendrás que confrontarte a ti mismo, resolver tus traumas de una vez por todas y avanzar.

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