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Salud Mental

Hoy en día es un lujo tener buena salud mental

El mundo ahora es, en cierto modo, más pequeño. Miles de personas pueden conectarse a través de redes sociales y de forma instantánea Pedro que está en Madrid puede enterarse de lo que está desayunando David que está en Sídney.

Esta interconexión que trasciende las culturas y el idioma es fantástica. Nunca antes habíamos estado tan “informados” sobre las vidas de otros.

La tecnología nos ayuda, desde una posición muy cómoda, a conocer todo cuanto necesitamos de una persona. Desde sus gustos musicales hasta sus opiniones políticas.

Todo gracias a que dejamos un rastro digital siempre que pasamos al menos unos minutos en alguna red social. Y la mayoría dedica incluso horas al día a revisar sus redes sociales.

Ahora más que nunca somos personas muy predecibles, porque las redes sociales y la tecnología en general nos abrieron las puertas para hacer algo que a los seres humanos nos ha gustado en el pasado, pero que ahora hacemos de forma casi obsesiva: ostentar.

Los que no tenemos pertenencias que ostentar, ostentamos la belleza, y si no somos los más atractivos de la cuadra, entonces ostentamos ideas, y si no tenemos mucho conocimiento, entonces ostentamos opiniones o compartimos sin saber las ideas de otros.

Lo más interesante es que como seres humanos no estamos encasillados, podemos ser atractivos, con mucho conocimiento y pertenencias.

En cuyo caso, seremos un dolor de trasero para otros, parloteando todo el día en redes sociales de lo que creemos saber, el nuevo juguete que compramos y el maquillaje o corte de cabello del momento.

Lamentablemente, es una moda mostrar “cuán felices, inteligentes, atractivos o prósperos somos”. Es un mostrar por mostrar.

Pero nos hemos olvidado de las esencias y nuestra sociedad está desesperada por los likes, mientras la salud mental es cosa de segundo plano.

La cordura es un lujo. Vale más la pena pelear con gente que ni conoces en redes sociales, comprar el último juguete, la última consola o pagar un viaje solo para compartir fotografías que vivir realmente.

Lo creas o no, hay gente que vive para las redes sociales, su única aspiración es tener algo para mostrar todos los días.

De la cordura, la sobriedad y la sabiduría nadie se acuerda, y ni hablar de la paz que ahora se vende en programas y cursos que te enseñan a “cómo tener una mayor paz”.

Desconectarse un poco puede ser un primer gran paso. Las redes sociales son maravillosas y la interconexión lo es aún más, pero esa cultura de ostentar y mostrar todo que difunden las redes sociales definitivamente no es sana.

Hay que hacer una pausa y si acaso hemos caído en ese vicio de querer mostrar o escenificar lo que queremos que la gente crea que somos, es momento de tomar una pequeña distancia.

Pues mientras mostramos esa versión construida de nosotros al mundo, nos abandonamos a nosotros mismos y poco a poco esto hace mella en nuestra salud mental. Reflexionemos al respecto.

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