Hábitos

Los mejores hábitos para la vida

Reflexiones

¡Gracias a Dios por permitirme ser una mujer!

Gracias Dios por querer abrir mi mundo interior y por saber que se ha hecho tanto por mí y por aquellos que lo han necesitado.

Se han aprendido tantas lecciones, se han recorrido tantos caminos.

Gracias por hacerme crecer ya que la vida no me dio ninguna lección moral, sino que me mostró el camino de los benefactores del bien, sacudiéndome para despertar más a mi interior, y a las necesidades espirituales del corazón.

Gracias por darme la oportunidad de vivir mis elecciones, por mostrarme que hay una forma de belleza que cada uno siente y expone.

Que ser mujer es un don, es coraje, es fuerza y lucha a través de tantos obstáculos. Es la fragilidad y el silencio, es euforia y satisfacción.

Es ser capaz de estar donde quieres y no aceptar ningún tipo de manipulación, hasta el punto de extraer tu propia raíz emocional.

Ser mujer es generar sueños, vidas

Es tener sensibilidad y a menudo sentir lo que nadie puede entender a menudo.

Es la elección, la libertad.

Es de tacón alto o bajo.

Es la naturalidad y la sensualidad en el decir, en el caminar, en el carisma, en la sonrisa que se abre y se suelta y que sabe cómo abrazar la vida, como si hoy fuera el último día.

Gracias por darme esta oportunidad, gracias por hacerme entender que tengo el derecho de gritar, tengo el derecho de potenciarme y sentir que soy dueño de mis deseos.

Gracias por permitirme venir a este mundo de pruebas lleno de gente que supo ponerme en sus brazos y que con amor me ofreció la vida y la paz. Me has dado generosidad y un hombro amistoso.

Gracias por poner gente que se ha cruzado en mi camino como si fueran almas predestinadas a triunfar tanto aquí como en el otro lado de la vida.

Gracias por todo. Por ser lo que soy, por haberme enfrentado al espejo, por haber aceptado mis defectos y las imperfecciones que muchos no podían comprender.

Por tener esta fuerza que tengo, por tener este ideal de esperanza que me eleva en nombre de las cosas que todavía necesito sentir y vivir.

¡Gracias a Dios por permitirme ser una mujer!

Gracias por mostrarme que la humildad tiene que ser un constante riego y la oración tiene que tener un benéfico amén de gratitud y luz.

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