Hábitos

Los mejores hábitos para la vida

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Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras

El silencio es más valioso cuando lo que se tiene para decir nos puede comprometer directa o indirectamente. La lengua tiene poder para dar vida o para dar muerte, para hacernos libres o para convertirnos en esclavos. Quien entiende esto, atiende con prudencia sus palabras y se mide antes de hacer promesas, criticar o hablar con ligereza sobre un tema que desconoce.

Por qué debes cuidar lo que dices

Los seres humanos nos diferenciamos de otros animales en el uso del logos y el consecuente lenguaje hablado. Las palabras son un don que nos ha sido otorgado, pero como aprendió Spiderman, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Las palabras son muy poderosas, pueden hacernos libres o hacernos esclavos, todo depende del contexto en que se usen. Por eso, no solo nos fue otorgado el poder de la palabra, sino también el poder del silencio, que puede ser muy oportuno y deseable.

Si no usas tus palabras de forma correcta, puedes meterte en compromisos que luego deberás forzarte a cumplir si quieres ser respetado. Nadie tendrá muestra de respeto por quien no guarda su palabra y habla con ligereza sobre lo que puede o va a hacer para no cumplir nada.

Otra forma de hacer un mal uso de las palabras es a través de la crítica; cuidado con lo que tu lengua critica, pues la vida puede ponerte en situaciones en las que tus fallas sean igual o peores. Un refrán popular dice “la lengua es el castigo del cuerpo”, hemos afirmado que en realidad contiene un gran poder, pero ese poder se puede volver en nuestra contra cuando se trata de la crítica.

Por otra parte, si todo el tiempo hablamos de más, podemos sacar a relucir nuestra ignorancia, hablando con soltura de temas que en realidad no dominamos. No se aprende hablando, sino guardando silencio y escuchando lo que otros tienen para decir. El que se cree experto en todo abunda en palabras y finalmente nunca aprende nada. Así que para aprender algo en la vida, las palabras sobran.

Finalmente, las palabras que usamos excesivamente para quejarnos nos llevan a un estado de completa esclavitud. Quien se queja, invierte todo su tiempo en victimizarse e inventar excusas por lo que no se hace cargo de la situación. En consecuencia, entra en un bucle de palabras que nada resuelven y construye una prisión de lamento alrededor de sí.

En estos casos antes expuestos, el silencio es la acción más valiosa. Guardando silencio no asumimos responsabilidades que no nos corresponden, no criticamos ni exponemos nuestra ignorancia. Tampoco nos entregamos a la queja y sus nocivas consecuencias.

Por tanto, si eres una persona que abunda en palabras, tal vez estas te metan a menudo en muchos problemas, así que lo mejor será reconsiderar tus habilidades orales y poner en práctica una valiosa virtud: el silencio.

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