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Los mejores hábitos para la vida

Reflexiones

El que juzgue mi camino, le presto mis zapatos

Existe una extraña relación entre nuestros problemas y los problemas de los demás. Cuando nos enfocamos en los problemas y defectos de los demás, en cierta forma es como si pudiésemos olvidarnos de manera momentánea de nuestros propios problemas. Quizás es por eso que nos encanta meter nuestras narices donde no nos llaman, pero si quieres seguir juzgando a los demás, hazlo pero poniéndote siempre en sus zapatos.

En la biblia está escrito “No juzguéis o seréis juzgado” y también dice “deja de ver la paja que hay en el ojo de tu hermano y fíjate de la viga que hay en tu propio ojo”. Claro, hoy día muchos no leen la biblia, pero son frases que suenan de boca en boca y aunque no sepas quien lo dijo, muy en el fondo reconoces estas palabras como una verdad. ¿Por qué? Porque sabes que tú como todo el mundo, odia que hablen de ti a tus espaldas, que te juzguen por lo que haces sin saber por qué lo haces, incluso a que te señalen por cómo te ves sin conocer la razón por la que te ves así.

Estas frases bíblicas solo te dicen que te enfoques en tu propia vida y no en la vida de las demás. Te dicen además que dejes de señalar a la gente como si fueras mejor que todo el mundo. Pero hoy día en este mundo es muy difícil hacerlo. Solo basta ver las noticias, cientos de medios de comunicación (quizás miles) pasan los días hablando y criticando a otros. Y nosotros por las redes sociales lo hacemos. Miramos una estrella de cine que un día salió sin maquillaje y la condenamos a lo grande. Todo esto habla muy mal de nuestra vida.

Con los años he visto a personas ser demasiado tontas y superficiales. Recuerdo hace años cuando trabajaba para una empresa. Tenía un compañero del que todos hablaban, sufría de una condición que le generaba mal olor en el cuerpo pero nadie lo sabía ni siquiera él mismo. Sus propios compañeros lo aislaban, incluso hablaron con el gerente general para despedirlo de manera injustificada.

Para aquel entonces en esta oficina, yo era jefe de este grupo y a mí se acercó este gerente para notificarme la acción a realizar. Ya lo había decidido, y le dije “espera un poco” quizás haya algo más detrás de todo eso. Y es que aunque no conocía muy bien al compañero, veía muy mal la manera como se estaban tomando las cosas.

Más tarde supe que esta persona vivía completamente sola y no tenía cómo darse cuenta de lo que padecía. Nadie le hablaba y nadie iba a decirle lo que sucedía. Este hombre pasaba sus días deprimido viendo cómo lo aislaban y aun así cada día seguía volviendo a la oficina sin importar que nadie lo determinaba. Le conté la situación, y por la oficina lo hice que se viera con un doctor. El resultado, el esperado por mi persona.

En realidad padecía una rara condición por la que fue tratado de manera exitosa. Meses más tarde fue transferido a la capital a trabajar en una mejor oficina, con mejores compañeros y mejor salario. Y es que detrás de los defectos que todos veían, había un hombre trabajador, responsable, amable y buen amigo.

Historias así abundan, pero quienes solo critican también. A ti que lees esto, solo puedo aconsejarte que de juzgar lo hagas antes poniéndote en los zapatos de los demás.

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