Hábitos

Los mejores hábitos para la vida

Familia

El amor maternal es el más poderoso y verdadero que conocemos

No hay nada igual al amor materno, María, la madre de Jesús, es el mejor ejemplo del poder que posee ese amor, ella lo acompañó en todo y caminó a su lado, desde el primer hasta el último día de su vida, ofreciéndole fuerza y seguridad.

En la vida experimentamos muchos tipos el amor, pero ninguno puede compararse con el amor de nuestra madre. Ellas nos adoran incluso antes de vernos por primera vez, no consideran una bendición de Dios en sus vidas y por eso nos entregan todo su apoyo incondicional hasta el momento de su partida de este plano. Ese amor es vital para poder desarrollarnos, crecer con confianza y seguridad. 

El apoyo de una madre es un factor fundamental en el logro de nuestros objetivos, pues son las únicas personas en nuestro entorno que, a pesar de las caídas, continúan apoyándonos hasta que lleguemos a la meta propuesta. Así lo hacen desde el momento que nos toman en sus brazos, motivándonos y enseñándonos a perseverar en cada paso que damos.

Nuestras madres nos conocen plenamente y siguen amándonos a pesar de nuestros errores y fracasos. Para ellas, siempre seremos suficientes, e incluso cuando el mundo nos da la espalda, permanecen con nosotros, creyendo en nuestra fuerza y bondad, y animándonos a intentarlo de nuevo.

Toda madre tiene el poder de Dios

Las madres son iluminadas por el poder divino desde que llevan a sus hijos en el vientre, ese poder les enseña sobre el amor incondicional, la paciencia, la dedicación, los sacrificios y les capacita para vivir esta experiencia de la mejor manera posible.

La maternidad puede ser muy difícil, quizás el trabajo más complicado del mundo, pero también el más gratificante, porque no hay mayor recompensa para una madre que ver a su hijo feliz.

Ser madre es algo que transforma la vida de una mujer, le hace conocer partes de sí misma que ni siquiera sabía que existían y abre su corazón a un nuevo tipo de conexión, más pura que cualquier otra que haya experimentado. Junto a las madres aprendemos que el amor es paciente, amable y lo soporta todo.

Ellas son seres benditos. Aunque no son perfectos y en muchas ocasiones nos hacen pasar por situaciones difíciles, hacen lo mejor que pueden cada día. Están aprendiendo, como nosotros; su trabajo es una enseñanza diaria. Se merecen todo nuestro reconocimiento y gratitud por no rendirse.

El amor de nuestra madre es el más poderoso y verdadero que conocemos, porque viene de Dios, está en conexión con el universo y está libre de todo mal e interés. Para ellas, todo lo que importa muestro bienestar.

Demos gracias porque son ángeles que nos guían y nos muestran lo que es amar incondicionalmente. Agradéceles por todos los días y haz que cada momento a tu lado sea alegre, feliz, y lleno de muchas sonrisas reales. Nuestras madres, por desgracia, no son eternas, y cuanto mejor disfrutemos del vínculo que hemos construido con ellas, más enseñanzas suyas tendremos para guiar nuestras vidas.

Comparte este artículo con todas las madres de tus redes sociales y déjales un mensaje especial en la sección de comentarios.

Deja un comentario

Tema creado por Anders Norén