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Los mejores hábitos para la vida

Amor, Familia

¡Cuida a tu madre, porque nadie te quiere como ella!

No te conviertas en ese hijo que llora y lamenta a su madre después que muere. Las madres son ángeles prestados que en cualquier momento dejarán de estar.

Sin embargo, por lo que Víctor Hugo, el célebre escritor francés, llama la “ingratitud de la naturaleza”, los hijos no sabemos retribuir a nuestras madres tanto como deberíamos.

Tenemos la mala costumbre de dejar a nuestras madres para después.

Llamamos a mamá con el tiempo que sobra, si es que sobra, la visitamos si nos sobra tiempo, le servimos de alguna manera si no tenemos más cosas que hacer y les damos dinero si antes tenemos todo lo que queremos.

Qué ingratos somos cuando salimos de fiesta pero mamá necesita un medicamento y le decimos “espera, aun no tengo el dinero” o peor aún “no tengo”. Dejamos a mamá para después o para cuando nos sobre.

Y este es el tipo de hijos que más lamentan la muerte de su madre. Porque mamá siempre es comprensiva y te espera, pero tú te comportas como si ella fuera eterna y pudiera esperar siempre. Un día se va sin avisar y todo lo que pudiste darle, en lo que pudiste ser de ayuda y el cariño que pudiste manifestarle ya no sirven para nada, pues los muertos nada saben.

A mamá hay que quererla mientras viva. Claro que debes preocuparte por tu realización personal y por alcanzar tu estabilidad, pero ¿de qué te sirve abrazar el éxito si mamá ya no estará allí para abrazarte y apoyarte un poco más?

Para nuestras madres, nosotros fuimos prioridad, ahora que ellas necesitan de nosotros ¿por qué son lo último en la lista? Como dijo Víctor Hugo, tal parece que somos ingratos por naturaleza, olvidamos todos sus sacrificios y nos enfocamos más en sus errores para crear una distancia entre ellas y nosotros.

No importa cuántos errores haya cometido tu madre, nadie le dio un manual de instrucciones acerca de cómo debería ser como madre y probablemente ella también padeció una madre con muchos errores. Lo cierto es que ella es tu madre y a su manera y con las herramientas que tuvo a disposición, te amó.

Pudo deshacerse de ti en el momento en el que las cosas se ponían difíciles o ponerse a sí misma primero y atenderte a ti solo si le sobraba tiempo (como a menudo hacen los hijos), pero esa mujer cargada de defectos sacrificó más de lo que aprecias, por ti.

Si guardas algún resentimiento hacia tu madre, perdónale, pues esta persona hizo lo mejor que pudo con lo que tenía en su vida y en su corazón. Vuelve a reconciliarte con tu madre e intenta expresar gratitud.

La gratitud se predica mucho en estos días, se dice que debemos vivir dando gracias por todo. Pero quien no aprecia a su madre que lo trajo al mundo ¿cómo puede hablar de gratitud? Apreciar es cuidar, respetar, honrar, compartir tiempo de calidad y muchas veces sacrificar. Recuérdalo.

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