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Comunicación familiar: Palabras y algo más

La comunicación familiar no solo está en las palabras. Las palabras por sí mismas no comunican nada. Cuando detrás de las palabras hay vida y sentimiento, cuando detrás de los gestos existe un ser humano, le da entonces la posibilidad de escuchar para quien oye y de ser acogido para quien habla: es el momento de la comunicación.

Os gestos, la expresión facial, la actitud corporal, el lugar elegido para conversar, la cercanía o la distancia física, incluso la hora, pueden influir en el éxito o fracaso de una comunicación. El saber elegir, el cuidar las formas, son aspectos fundamentales para obtener un buen resultado.

El uso de un lenguaje acertado ayuda en muchas ocasiones a establecer una comunicación fluida y comprensiva, puede disminuir una carga de emotividad o de agresividad que se lleve dentro.

Si, por el contrario, el uso de las palabras se descuida, es fácil que aparezca el conflicto o el enfrentamiento.

Cuando tenemos más presentes las necesidades de los demás que los derechos propios, aunque sean justos, nos acogemos a un lenguaje sin reproches.

No es lo mismo decir “por qué no me haces…”que ¡¿CUANDO ME HARÁS…?!

Es menos apropiado el “tengo derecho a…” que el SERÍA CONVENIENTE QUE…

Suena más impositivo el “me tienes que hacer…” que el ¿PODRÍAS POR FAVOR?…

Las mismas palabras pueden significar cosas distintas dependiendo del tono en que se digan, del momento o circunstancia en que se empleen, del contexto en que se usen.

Nos agrada escuchar un apelativo familiar por el cariño que encierra. Si oímos nuestro nombre en diminutivo, generalmente nos han demostrado afecto. La experiencia del lenguaje familiar es incomparable, se diría que algunas palabras son únicas y hacen parte de los sentimientos de los que allí conviven, nada dicen a los extraños porque es el lenguaje de la intimidad con sabor a comprensión y aceptación.

Puede ser también el lenguaje indirecto el que nos sirva de ayuda en la comunicación. Con un “sin decir”, “diciendo” le daremos un ejemplo a un hijo, o le contaremos una anécdota o un cuento con moraleja que le haga reflexionar o pensar.

¿Cómo comunicarnos de forma asertiva?

  • Hablaremos las cosas con quien nos convenga y en el momento oportuno. No diremos más de lo que debemos ni nada de los que después podemos arrepentirnos.
  • Cuando la prudencia aconseje no hablarlo todo, seleccionaremos aquello que mejor le va a quien nos dirigimos.
  • Cuando alguno falle no perderemos la confianza en él. Es el momento de permitirle que nos demuestre su valor. Le daremos una segunda oportunidad. Tendremos presente que la buena comunicación se consigue gracias a la receptividad y capacidad de escucha que tenga emisor y receptor.
  • No existe mensaje tonto. Lo que nos digan puede ser más sencillo o más complejo, pero nunca carece de importancia.
  • Cuando tengamos que corregir, lo haremos a solas y con el mayor cariño posible.
  • Escucha atentamente las respuestas a tus preguntas.
  • Aprovecha el tiempo que pasan juntos para hablar o conversar de las cosas que hay alrededor.

Acércate a tu familia con una buena comunicación, demuéstrales con hechos y palabras lo mucho que los quieres.

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