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Los mejores hábitos para la vida

Psicología, Reflexiones

Aprendí que los inicios dan miedo, que los finales son tristes y que lo importante es el camino

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. – Joan Manuel Serrat.

Vivimos y crecemos a partir del aprendizaje. Cuanto más aprendemos, más maduramos y nos hacemos diestros en el arte de vivir. Pero hay enseñanzas universales y no particulares, es decir, cosas que como humanos tememos pero debemos enfrentar. Una de esas enseñanzas para todos consiste en que los inicios dan miedo, los finales son tristes y lo importante es el camino.

Los inicios dan miedo

Para ver esta gran verdad a través de una metáfora, solo hay que ver a un ave en su primer vuelo. La comprensión del movimiento de sus alas no puede ser más torpe ni más insegura, sin embargo, el ave sabe como por cosa del destino que tiene que volar. A veces sola, a veces con la ayuda de sus progenitores, el ave empieza a batir las alas sin maestría en la coordinación, y pronto con paso nervioso da el salto definitivo hacia el vacío, entonces, contra toda incredulidad, vuela.

Así son los comienzos para todos, no somos expertos en nada, sino hasta que lo hemos intentado varias veces. Somos torpes en todo lo que es nuevo para nosotros y sin embargo, tan solo confiando en esa torpeza debemos confiar en nosotros mismos y lanzarnos al vacío. No se trata de ser positivos o negativos, es que como seres vivos estamos diseñados para enfrentar nuevos desafíos todo el tiempo. Quien le huye a lo nuevo, al cambio y a los desafíos, abraza más la muerte y el olvido que a la vida misma. Por eso, aunque te dé mucho miedo, vuela.

Los finales son tristes

Los finales son muy tristes porque como seres humanos tenemos una codificación en nuestro interior que nos llama a la eternidad. Por eso no nos gustan las cosas que se acaban, nos llenan de desesperanza; incluso cuando las cosas ya no son tan buenas como antes, es demasiado triste dejar ir.

Como seres humanos estamos acostumbrados a aferrarnos, no a dejar ir. Solo hace falta acercar tu dedo a la mano de un bebé que apenas acaba de nacer para ver cómo se aferrará con todas sus fuerzas. Nos aferramos a todo aquello de lo cual nos podamos aferrar. Sin embargo, aferrarse no siempre es saludable, la vida se compone de ciclo, y para dar pasos nuevos, primero hay que abandonar los viejos.

Es válido sentirse triste por algo que terminó, no lo podemos evitar, pero si debemos aprender que debemos sobreponernos a la melancolía y avanzar hacia lo que está al frente, que seguramente es mejor.

Lo importante es el camino

No somos Dios, por tanto, ¿cómo podemos ser tan presuntuosos como para saber cuál será nuestro destino? La vida es un perpetuo salto de fe. No podemos saber lo que ocurrirá mañana ni mucho menos pasado mañana. Solo podemos creer y apostar.

Así que es importante tener objetivos en la vida, pero es más valioso para nosotros disfrutar del camino hacia las metas. Porque las metas no se sabe si llegarán, pero el camino es lo que tenemos en el presente y es lo que podemos abrazar.

Procura que tus caminos no sean de sufrimiento ni tampoco sean torcidos para alcanzar una meta. No te faltes el respeto a ti mismo y sé fiel a tus principios. Mientras se cumple lo que quieres, disfruta del camino.

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