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Aprende a obsequiar tu silencio a quien no te pide palabras y tu ausencia a quien no aprecia tu presencia

Un sabio consejo de vida es: Aprende a obsequiar tu silencio a quien no te pide palabras y tu ausencia a quien no aprecia tu presencia; de esa manera, no lastimarás a otros con tus palabras y no te lastimarás a ti mismo quedándote donde no te valoran.

¿Aceptarías el desafío de aprender a guardar silencio o de ausentarte?

Ahora que todos tenemos canales para expresar nuestras opiniones y que nos encontramos en plena era de la información (o desinformación) es muy fácil hablar por simple hábito, sin antes reflexionar sobre lo que decimos.

A penas unos siglos antes, el papel y la tinta eran escasos, por tanto, el arte de la escritura no se usaba a la ligera. Con las palabras no era tan diferente. Se le daba voz a quienes realmente tenían cosas importantes para decir.

Pero ahora mismo, todos tenemos acceso a la información y tenemos una cantidad de medios abrumadora para expresar nuestra opinión. Nunca antes una persona había tenido tanta libertad para hablar y expresar sus ideas. El problema es que ahora las voces que tienen que decir algo importante tienen un menor impacto, las masas solo mueven los discursos en su superficie, sin absorber el valor y el peso de las palabras.

¿Quiénes se hacen virales en internet? Escasas veces, mensajes contundentes y con una trascendencia social adquieren viralidad en internet. La desinformación está arropando la era de la información y cada vez es más difícil leer y escuchar palabras valiosas o al menos fundamentales.

En un ligero vistazo en redes sociales nos enteramos de la palabra que pronunció mal el presidente, de la situación amorosa de una persona que no conocemos y escuchamos mensajes de celebridades que no llegaron a culminar sus estudios de bachillerato.

El punto es, que guardar silencio en estos tiempos es un desafío que casi nadie está dispuesto a asumir. Regalar la ausencia es un sacrificio que, al final es más saludable para nosotros que para cualquier otra persona, pero que nadie está dispuesto a hacer. Todos queremos hablar (aunque no tengamos nada para decir) y todos queremos estar presentes, aunque nuestra presencia no sume.

Por esta razón, pese a que tenemos una libertad de expresión sin precedentes, cada vez estamos más tristes y hacemos sentir más tristes a los demás. Con tal de fijar posturas en temas que ni siquiera conocemos, lastimamos y pisoteamos las creencias y posturas de otras personas. Con tal de participar, hablamos donde deberíamos callar.

Recordemos que, para aprender hace falta el silencio. Esta generación está llena de gente que tiene una opinión sobre todo, como si hubiese alguna vez estudiado sobre todo aquello que opina. Pero si no nos escuchamos, no nos retroalimentamos como sociedad, sino que cada vez vivimos más en conflicto.

Por eso, el consejo de este día, y de todos los días es: practica el silencio y la ausencia. Donde tus palabras no sumen, calla, donde tu presencia no sume, retírate. Es también una buena lección para domar el orgullo y la prepotencia, que nos hacen creer que todos quieren saber nuestra opinión y que somos imprescindibles en todas partes.

2 Comentarios

  1. Hugo Gómez Monterrubio

    Totalmente de acuerdo y también aplica en las relaciones personales.

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