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¡Apaguen ese smartphone, papis! – ¿Estás digitalmente desconectado de tus hijos?

Mucho se dice acerca de la conexión que la tecnología nos ha permitido. Una persona de Japón puede trabajar para alguien de Dinamarca sin moverse de su apartamento, mientras que ahora mismo un residente de Londres está comprando una propiedad en un barrio exclusivo de Barcelona a través de un click. Sin embargo, ¿te has preguntado qué ocurre con tus hijos mientras te dejas fascinar por la magia de la pantalla? Aquí te lo revelamos.

Cuando el smartphone se enciende, tus hijos se apagan

Diversos estudios han demostrado que cuando los padres se conectan a su dispositivo móvil en presencia de sus hijos, una reacción en cadena se desata en el interior de sus pequeños (y no tan pequeños en algunos casos), la cual es tan silenciosa como peligrosa.

  • Se sienten poco importantes: hay pocas cosas que le puedan pasar a un niño que sentir que no vale nada para sus padres. Aunque parezca inconexo y hasta ilógico, el smartphone tiene la capacidad de lograr eso. Cuando se le preguntó a un grupo de niños cómo se sentían cuando sus padres estaban pendientes de la pantalla estando ellos presentes, respondieron con palabras tan preocupantes como “nada importante,” “insignificante,” “que sobro.”
  • Niños más angustiados y menos resilientes: la angustia es una gran generadora de actitudes negativas, e incluso agresivas, hacia el ambiente en el que se vive. Por su parte, sin resiliencia, en vez de salir fortalecidos de una experiencia trágica, nos vamos debilitando aún más. Estas son dos características que nuestra conexión les hace a nuestros hijos. La atención de sus padres es crucial para cualquier niño o adolescente. No se trata de un capricho ni de un egocentrismo fuera de lugar. Sus padres son su referente, las personas a quienes acudir cuando tiene un problema, una inquietud y también una alegría para compartir. Por lo tanto, cuando la web se los secuestra, las consecuencias se hacen ver en la realidad.
  • Hijos que compiten con dispositivos móviles: cuando un niño es privado de la atención de sus padres, más especialmente de la de su madre, hará todo lo posible por captarla nuevamente. Lo preocupante de esta situación es que un pequeño o un adolescente no realizan estos intentos utilizando el sentido común, ya que aún no lo tiene desarrollado. ¿Qué hace entonces? Se comportan de forma muy inconveniente en ambientes tales como el colegio, la clase de inglés o en la piscina. Es entonces cuando recibimos la llamada que ningún padre quiere recibir: “Señor/a García, ¿cuándo puede acercarse al colegio para hablar de su hijo?” Después de una exhaustiva conversación con una directora diplomática, pero molesta, llegamos a casa a reprender a nuestro hijo, cuando los únicos a ser reprendidos somos nosotros.

Vivimos en un mundo tecnologizado y eso nadie lo va a cambiar. Hacer la tecnología a un lado sería incluso más perjudicial que abusar de ella. Por eso es que la solución yace siempre de la mano de los puntos medios.

Tenemos muchos minutos, incluso horas, durante el día en las que no estamos en contacto con nuestros hijos. Aprovechémoslas para comunicarnos por Whatsapp y ver todos los videos graciosos que nos envían, pero cuando entramos en contacto con nuestros seres más amados, hagamos esa tecnología a un lado y compartamos lo único que es real: la vida.

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