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Reflexiones

¡Aceptar a las personas tal como son no nos obliga a vivir con ellas!

Es necesario tolerar y aceptar a las personas tal como son, sin embargo, manteniéndonos el derecho a distanciarnos cordialmente de quienes no nos agradan.

La tolerancia es una necesidad urgente en el mundo violento de hoy, donde una simple discusión en el tráfico puede conducir a la muerte.  La intolerancia es la madre del prejuicio, la exclusión, el racismo.

Sí, es necesario tolerar y aceptar a las personas tal como son, sin embargo, manteniéndonos el derecho a distanciarnos cordialmente de quienes no nos agradan. Podemos entender que el otro tiene su propia forma de pensar, que su historia de vida es peculiar y su equipaje puede ser totalmente diferente al nuestro.

Tenemos la capacidad de entender que las verdades de los demás, por ilógicas y absurdas que nos parezcan, pertenecen únicamente al otro y no necesariamente a las nuestras.

 Mientras no nos lastimen, las elecciones de los demás no nos conciernen. Mientras el otro sea feliz, sin pisar a nadie, no podemos intentar intervenir en estilos de vida que no son los nuestros.

 La tolerancia es una extensión del amor

Debemos saber cómo estar en desacuerdo sin ofender, sin tratar de imponer lo que consideramos una verdad absoluta, eso es una tonta arrogancia. Necesitamos escuchar lo que el otro tiene que decir, incluso si no vemos ninguna razón allí.

Mientras no nos ofendan ni vayan más allá de los límites de nuestra dignidad personal, los demás tendrán derecho a vivir como les plazca.

Como consecuencia de causas de fuerza mayor, como el empleo o la familia, estaremos inevitablemente sujetos a la obligación de convivir con personas con las que no simpatizamos o cuyas ideas no encajan con las nuestras.

 Sin embargo, siempre podremos elegir quién estará a nuestro lado en los momentos más preciosos de nuestro camino, mientras construimos nuestra historia de vida, de lucha y de amor.

De la misma forma, podremos evitar a los que nos desagradan, alejándonos de las personas que no nos aportan nada, sin tener que criticarnos ni pelearnos con ellos.

 Sí, podemos – y debemos – aceptar a las personas como son, ya que este es el mínimo que se requiere, cuando se trata de sociedad, pero, no estamos obligados a vivir más allá de lo soportable, con personas que colman la paciencia y nos irritan. Eso sería masoquismo.

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