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3 Cuentos cortos para distraer a los niños en la cuarentena

El sueño de muchas madres y padres se hizo realidad: compartir más tiempo con sus hijos. Nadie quería que ocurriera una pandemia para que pudiéramos pasar más tiempo en familia, sin embargo, el virus se encargó de relegarnos en casa y ahora sí que podemos aprovechar el tiempo y disfrutar de los niños.

Sin embargo, muchos padres no estaban preparados para pasar tanto tiempo con sus niños y ya se les están acabando las ideas. ¡Que no cunda el pánico! No significa que seas mal padre o mala madre, simplemente lo que estamos viviendo es histórico y nunca habíamos tenido tanto tiempo para compartir con los más pequeñitos. Ellos lo están disfrutando por montones, permítete a ti mismo también hacerlo.

A los niños les encantan las historias, y aquí tenemos 3 cuentos cortos que puedes leerles o memorizar para compartirlos.

El gato dormilón, por Alonzo G.

Había una vez un gato muy dormilón que se pasaba los días y las tardes enteras echado en el sofá. Siempre se preguntaban qué es lo que hacía para quedar tan exhausto, pero nadie lo veía haciendo otra cosa que no fuera descansar.

Una noche su dueño tuvo la idea de ir a buscarlo y ver si también dormía toda la noche, pero mientras bajaba la escalera pudo verlo… ahí estaba él, sentado frente al acuario, viendo cómo dormía la tortuga. Sólo se quedó allí mirando en silencio a su gato, despierto y sereno estaba cuidando el sueño de su amiga tortuga.

Al día siguiente pudo verlo como de costumbre, durmiendo en el sofá y entonces pudo comprender el porqué de su sueño durante el día, pero no notó que la tortuga también lo cuidaba desde su sitio.

Moraleja: Los amigos siempre se cuidan entre sí.

Estela la estrella de mar, por Amanda

Estela era una estrella muy bonita, su belleza iluminaba el mar, porque ese era el lugar donde vivía con sus papás.

Era bonita y despierta, era sensible, era especial. Pero Estela pese a ser estrella nunca pisó el cielo, y es que Estela era una estrella de mar.

Cuando Estela miraba al cielo sentía ganas de estar allí, y se ponía triste cuando todos le decían que era una estrella de mar, y le explicaban con cariño que las estrellas de mar no podían volar.

Nadar siempre le costó mucho, ella soñaba con volar, se imaginaba al lado de la luna, que nunca dejaba de brillar.

En sus sueños lo lograba, ¿pero cómo una estrella de mar iba a lograr ser estrella en el cielo?, así sin más…

Y pasaban los días y crecía nuestra estrellita, pero un poco triste siempre, siempre se sintió vacía.

Un día la estrella de mar nadaba perdida en sus pensamientos, cuando vio un reflejo en el agua y se acercó corriendo a verlo.

Una enorme luna llena se reflejaba en su mar, entonces, la luna la miró curiosa y le comenzó a preguntar:

L: – ¿Qué te pasa estrella bonita que caminas triste y sin hablar?
E: – Que a veces me siento triste, cuando miro al cielo, no lo puedo evitar.

L: – ¿Y dime pequeña estrella por qué será?

E: – Porque siempre soñé ser estrella en el cielo, y brillar y sin embargo nunca lo podré lograr.

L: – ¿Y por qué no puedes serlo?

E: – Porque me han dicho que soy una estrella de mar.

L: – Pequeña estrella, ¿cuál es tu nombre?

E: – Estela…

L: – Pues veras….                

Estela, si me permites te contaré una verdad. Tú puedes ser cuanto quieras, nunca dejes de soñar. Yo un día fui luna menguante, nunca deje de soñar, hoy orgullosa soy luna llena. Solo hace falta luchar.

Si quieres ser estrella brilla, si quieres serlo no hay más, y nunca dejes que nadie te diga donde puedes llegar.

E: – Gracias amiga luna. Ya me tengo que marchar.

¿Me ha dicho que suba al cielo? ¿Que puedo brillar si quiero?

No dejaba de pensar y agradeció a la luna su regalo, su verdad.

Estela tenía miedo, temía seguir su sueño, tendría que irse lejos de sus papás, de sus amigos, de todo aquello.

Y dejo pasar el tiempo…….

Y cada día más triste Estela dejó de mirar al cielo.

Pero aunque triste, siempre fue fuerte y un día se miró al espejo. Y se dijo Estela tu brillas, Estela tú no eres esto, Estela persigue tus sueños, nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacerlo.

Aquella noche soñó que brillaba, y mientras lo hacía y sin saberlo, su cuerpo comenzó a flotar y enseguida subió al cielo, y creyendo que soñaba, disfrutó de todo aquello. Al despertar era de noche, al despertar estaba en el cielo, brillaba como ninguna, por fin estaba en su cielo.

Pero y sus padres y amigos, ¿cómo explicarlo, como no echarlos de menos? Y lloraba aunque contenta de haber alcanzado su sueño. Pero mientras lloraba miró a su mar, y encontró consuelo, ella estaba allí, era su reflejo!

Desde entonces Estela vive su sueño, y cuando extraña a sus padres su reflejo baja a verlos, y ellos ahora, felices y orgullosos de su empeño, porque Estela no se rindió y luchó por cumplir su sueño.

Así que niños, Estela os quiere dar un consejo: Ser siempre vosotros mismos y luchar por vuestros sueños y no dejéis que nadie os diga que vosotros no sois eso.

Moraleja: siempre sé tú mismo y no permitas que nadie te desvíe de tus objetivos.

La abejita que tocaba música, por Mary Alejandra Zapata Martínez (8 años)

Había una vez una abejita que estaba enferma, pero cada día que dormía soñaba que era la mejor tocando violín. Al día siguiente decidió entrar a clases de violín, tocó y tocó, hasta que aprendió. Y como tocaba tan bien, un día pasó un «busca talentos» y escuchó un sonido precioso, buscó de donde venía hasta que encontró la hermosa melodía que tocaba la abejita y le pregunto el «busca talentos».

– «Hola ¿quisieras estar en una orquesta de violines? ¡Nos falta una abeja más!»

Y la abeja respondió: – «Claro que si»

Y el busca talentos le dijo: – «Vale, te doy mi contacto, y por cierto, soy Julio».

– » Yo soy Lola».

– «Adiós, te espero mañana en mi oficina a las 12, los ensayos empezaran el jueves 27 de este mes».

Y la abejita siguió en sus clases aún más contenta.

Días después la abejita decidió salir de sus clases para ir a los ensayos con su nuevo amigo Julio.
Y como tocaba tan bien, el Julio dejó a las demás abejas que tenía para la orquesta por Lola. La abeja Lola ya se llevaba bien con las demás abejas, entonces las demás abejas se enfadaron con ella y Julio indicó a Lola por donde tenía que ir, hasta que un día la abejita vio que las demás abejas estaban tristes porque Julio las había dejado solas y a ella eso no le gustaba, se les acercó a las demás abejas y les pregunto:

– «¿Qué les pasa amigas?»

Y las demás abejas le respondieron:

– «No nos hables Lola, estamos enfadadas contigo».

Y les preguntó: – «¿Por qué, que les hecho?»

– «Lola, pues lo que nos has hecho fue que desde que llegaste, nuestro profesor Julio solo le has importado tú».

– «Oh, lo siento, ahora mismo iré a hablar con él».

Minutos después…

– «Julio, debo de hablar contigo, sé que crees que soy talentosa, pero mira, no soy la única».

– «Lo siento Lola, pero ahora estoy muy ocupado organizando tus cosas».

– «No Julio espera, lo siento, pero no puedo seguir siendo tu estrella».

– «Ahora no puedo hablar, ¿me esperas un segundo?».

Pero la abeja Lola pensó que si era ella la estrella podía hacer lo que quiera.

– «Julio, si yo soy la estrella exijo que las dejes presentarse conmigo o si no, no tendrás concierto. Adiós».

– «No Lola espera, de acuerdo, podrás salir con ellas».

Y después, las demás abejas perdonaron a la abeja Lola y volvieron a ser muy buenas amigas.

Moraleja: siempre debemos ayudar a los demás.

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